domingo, 4 de enero de 2015

Silencio subterráneo: la leyenda de la cueva de Hércules



Aquel día no pasamos desapercibidos como de costumbre; el actor, furioso en el papel del rey Rodrigo, forzando la entrada a la cueva, el público entregado con la magia de la escena, cuando, de repente, se suma un vecino desde una ventana, furioso también: “tantas leyendas y tanto teatro, estamos durmiendo, señores, así que hagan el favor de callarse”

Durante muchos siglos Toledo ha albergado  una docena de civilizaciones: romana, visigoda y musulmana que con el paso del tiempo han dejado huella en el entramado arquitectónico de la ciudad. A ello se une lo oculto, lo misterioso, las leyendas que se esconden en cada rincón, debajo de la tierra.

La cueva de Hércules recoge espacios subterráneos de origen romano que se localizan hoy en día en el callejón de San Ginés bajo un inmueble que ocupa el solar de la que fue iglesia de San Ginés hasta 1841. A lo largo de la historia este lugar no ha dejado de ser rodeado de misterio y leyendas, un hecho que de una manera u otra resume el legado subterráneo de Toledo

Imagen del interior de la cueva de Hércules. Fuente: Google
La leyenda de la cueva de Hércules anda inmersa en cientos de libros de la ciudad Imperial. Historiadores, cronistas, investigadores y muchas otras personas intentaron averiguar dónde empieza y dónde acaba este misterio. 

¿Existió realmente la cueva de Hércules o se trata nada más y nada menos que de una de las muchas leyendas existentes en Toledo?

Sobre ello hablaremos al final de este post. Primero nos adentramos en la historia: cuenta la tradición que las cuevas de Hércules fueron laboratorios secretos, labrados por Tubal o Hércules el Egipcio, desde donde el mismo enseñaba las ciencias ocultas. Se dice y se comenta también que en este espacio, antes de la llegada de los árabes, había algunas figuras y pinturas que, según las creencias populares, su desvanecimiento atrae grandes males. Pero no son solamente estos hechos lo que vinculan las cuevas a lo oculto: el misterio referido al rey don Rodrigo y a la caída de España en manos de los árabes hace referencia a ello, así como también la existencia de un tesoro que encuentra el joven judío del manuscrito de Roso de Luna.

El mito cuenta que Hércules edificó un palacio encantado en Toledo, construido con jade y mármol y ocultó en su interior las desgracias que amenazaban a España. Puso un candado en la puerta y ordenó que cada nuevo rey añadiera uno, ya que las amenazas se cumplirían el día en que uno de ellos fuera curioso y entrara.

Fue el rey don Rodrigo, el último de los reyes visigodos, quien se atrevió a entrar, rompió los candados del misterioso cofre y encontró en su interior un pergamino con el anuncio de la conquista musulmana. Con ello arrastró la ruina a su país, que se verá invadido por los árabes. En un cuento alegórico que se titula "Rodrigo o la torre encantada", el Marqués de Sade, recoge ese hecho de manera fantástica:

Mientras el peligro aumenta, el desgraciado monarca está en vísperas de ser echado del trono; se acuerda entonces de un monumento antiguo que hay por los alrededores de Toledo, el que llaman la Torre Encantada; la opinión vulgar cree que está llena de tesoros; el príncipe corre a ella con el propósito de aprehenderlos; pero no es posible entrar en el tenebroso reducto. Una puerta de hierro provista de mil cerraduras le impide tan bien el paso, que ningún mortal ha podido todavía penetrar en ella. En lo alto de esta puerta terrible se lee en caracteres griegos: No te acerques si temes a la muerte. Rodrigo no se asusta por esto: se trata de sus Estados, toda esperanza de encontrar fondos está perdida absolutamente: manda romper las puertas y sigue adelante.

En 1546 y como consecuencia de la fortaleza que adquirió la creencia de la cueva de Hércules a raíz de las cosas infernales que sucedían en los subterráneos toledanos, el cardenal Silíceo mandó practicar un reconocimiento y más tarde, en 1839 se llevo a cabo otro a raíz de la demolición de la iglesia. 

El vizconde de Palazuelos dice en su Guía, escrita en 1890:

Una vez en el solar, vimos en el suelo, a la izquierda, un cuadrado boquete, ingreso de la cueva, recinto casi lleno actualmente de escombros que no impiden, sin embargo la entrada, ni hacerse cargo de lo que queda descrito. Formada por bóvedas de piedras paralelas y, semicirculares de indudable fabricación romana, unidas por arcos prácticamente cerrados. En los extremos de la estancia hay ciertos boquetes o puertas tapiadas que, sin duda, comunican con alguna bóveda inmediata.



                                   



Después de muchos trabajos de investigación en 1973 Carlos Fernández Casado llegó a la conclusión de que la cueva de Hércules era el depósito final del abastecimiento romano de aguas a Toledo. En una monografía sobre el mismo tema publicada en la revista de Obras Públicas, José García Diego confirma este hecho y concluye su trabajo afirmando:

La hipótesis sobre la función de la obra parece completamente comprobada. Si se quiere saber más o incluso poder estudiar y también mostrar al público un tipo de estructura hidráulica romana poco corriente bastaría hacer excavaciones de coste muy moderado y que no tendrían por qué afectar a los legítimos intereses de los propietarios de las casas en que los restos de la obra se encuentran; ello sin más que proyectar una entrada independiente e indemnizar por superficies de poca entidad.



                                    


Es probable que nunca podremos esclarecer todo lo que oculta este lugar y que continúa siendo algo que suscite el imaginario colectivo pero si hay algo que aún nos sorprende y nos enamora día tras día es el pasado y la historia de la Ciudad de las Tres Culturas.

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